
Antología de Poetisas Hispanoamericanas
PRÓLOGO
La mujer es reconocida en el mundo poético como la musa inspiradora de maravillosas letras, varios autores han dedicado sus obras al nombre de sus amadas y los versos más hermosos celebran la belleza femenina en toda su expresión.
El deseo de perpetuar el erotismo del amor entre el hombre y la mujer, crea un refugio en la poesía que permite esconder sutilmente oscuras pasiones de tiempos remotos.
Pablo Neruda en su obra Veinte poemas de amor y una canción desesperada nos induce a un mundo desconocido de mágicas pasiones sugestionadas por el ser de la mujer:
Poema 1
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.
Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.
Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!
Cuerpo de mujer mía, persistirá en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.
Es fácil estremecerse con la lectura de esta composición que abarca un mundo imaginario de sensaciones reales, pero también es imposible no interrogarse sobre la otra parte. Es decir, el género femenino.
Desde épocas pasadas la mujer hubiese preferido mantener su espacio inspirador en la mente del hombre. Sin embargo, la capacidad sensitiva que él mismo desarrolló por una dama, la mujer la transformó en un crepúsculo de bellas interpretaciones de amoríos, odios, decepciones y eternos episodios de alegría, tristeza y esperanza.
No soy la primera en querer reunir a un número de poetisas en una sola obra, porque la fascinación por la escritura de estas autoras compromete a un sin número de lectores a nivel mundial.
Es cierto que en la actualidad la producción literaria nos ofrece nuevas exponentes de la poesía, pero definitivamente es de vital importancia mantener la vigencia de aquellas pioneras en este arte y una forma de hacerlo es presentar esta antología.
Desde los tiempos virreinales de Sor Juana Inés de la Cruz hasta nuestros días, las mujeres hispanoamericanas han sido grandes poetisas. Aunque es difícil seleccionar nombres, citaremos algunas de ellas que han adquirido relieve continental y hasta universalidad como la chilena y Premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral, que nos conmueve con sus estrofas que abordan temas como la pobreza y la desigualdad:
Piececitos de niño,
azulosos de frío,
¡cómo os ven y no os cubren,
Dios mío!
¡Piececitos heridos
por los guijarros todos,
ultrajados de nieves
y lodos!
El hombre ciego ignora
que por donde pasáis,
una flor de luz viva
dejáis…
Otra poetisa famosa es la uruguaya Juana de Ibarbourou (1895), así como también la argentina Alfonsina Storni y la mexicana Rosario Sensores conocida por obras como Cuando tú te hayas ido, poema que sirvió de base al pasillo Sombras musicalizado por el compositor ecuatoriano Carlos Brito Benavides.
Es importante también mencionar a la quiteña Dolores Veintimilla de Galindo que a pesar de su breve producción poética nos dejó un impresionante legado de creaciones que evocan al amor y la tragedia en el matrimonio.
Además realizaremos una mención especial para Aurora Estrada (1901) oriunda de la provincia de los Ríos de la cual Benjamín Camón dijo: “Hay en su poesía una honda preocupación por las fuerzas esenciales del hombre y de la especie y al mismo tiempo una ternura cálida y fecunda, que le ha dado la mano y le ha enseñado los caminos de la revolución, a la que ha ido primeramente sentimental, femenina, maternal, para luego enardecer el tono del campo proletario y darle médula de lucha y sonar de batalla.”
Espero transmitir en esta recopilación el encanto del corazón imbuido por el amor, la pasión y otros sentimientos que impulsan a las mujeres de todos los tiempos a impregnar sobre un papel sus más íntimos pensamientos.
Considero que las nuevas generaciones deben nutrirse de la poesía del pasado y atreverse a romper los paradigmas que mantienen a la mujer como aspecto decorativo en la producción artística.
Como decía Octavio Paz: “La poesía es el punto de intersección entre el poder divino y la libertad humana”, busquemos nuestra liberación en el arte e inmortalicemos nuestro sentir en nombre de todas las mujeres.
Quito, 30 de noviembre del 2009
Andrea Capelo Loza
Alfonsina Storni
ALMA DESNUDA
Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.
Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.
Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas(*)
con que la primavera nos envuelve.
Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.
Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.
Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.
Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.
Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.
Juana de Ibarbourou
RAIZ SALVAJE
Me ha quedado clavada en los ojos
la visión de ese carro de trigo
que cruzó rechinante y pesado
sembrando de espigas el recto camino.
¡No pretendas ahora que ría!
¡Tu no sabes en qué hondos recuerdos
estoy abstraída!
Desde el fondo del alma me sube
un sabor de pitanga a los labios.
Tiene aún mi epidermis morena
no sé que fragancias de trigo emparvado.
¡Ay, quisiera llevarte conmigo
a dormir una noche en el campo
y en tus brazos pasar hasta el día
bajo el techo alocado de un árbol!
Soy la misma muchacha salvaje
que hace años trajiste a tu lado.
Rosario Sensores
Me vestí de negro cuando te marchaste,
me vestí de negro...
y en torno a mis ojos oscuros y graves
se formó un gran cerco.
Me vestí de negro. Mi traje rosado
lo guardé angustiada dentro del ropero...
¡Ya que tus pupilas no me acariciaban
dejé de rizarme también el cabello!
Ni sedas, ni lujo... ni ruge en los labios,
¡no iban a tentarte con su aroma fresco!
Guardé los perfumes, dejé de pintarme,
dejé de mirarme también al espejo...
Y de pronto, un día, todo fue cambiando,
te fuiste borrando dentro de mi pecho,
otra voz de hombre comenzó a arrullarme
y me fui quitando mi vestido negro.
Qué tonta, me dije, vestirme de lutos,
por aquel ingrato que no lo merece...
y otra vez brillaron mis ojos oscuros
y fui como un árbol cuando reverdece.
Ahora tu recuerdo no me causa daño.
Estás de mi vida tan lejos, tan lejos...!
que olvidé tus labios
por otros más dulces henchidos de besos...
CUANDO TÚ TE HAYAS IDO
Cuando tú te hayas ido,
me envolverán las sombras.
Cuando tú te hayas ido
con mi dolor a solas,
evocaré ese idilio
de las azules horas.
Cuando tú te hayas ido,
me envolverán las sombras.
Y en la penumbra vaga
de la pequeña alcoba,
donde una tibia tarde
me acariciabas toda:
te buscarán mis brazos,
te besará mi boca,
y aspirará en el aire
aquel olor de rosas.
Cuando tú te hayas ido,
me envolverán las sombras.