viernes, 11 de diciembre de 2009

CUENTO FINAL

MIS DOLORES

Compró unas medias blancas, algunos crespones de seda negra, velas y una cantidad suficiente de cianuro de potasio.

Le escribió a su madre pidiéndole perdón una y mil veces, y puso su retrato junto a la virgen Dolorosa para que sus bendiciones la protegieran en la eternidad.

Se acordó de su marido, Galindo, y me mostró una carta incompleta que había escrito para él.

Ni siquiera se merece mis letras _ Me dijo.

Le pregunté sobre Santiago y me respondió: no le cuentes a mi hijo sobre mis peores días, háblale de cuando éramos niñas y jugábamos en el patio de la escuela. Dile también que me perdone y que no me olvide.

Se despidió de mí con lágrimas en los ojos.

Yo le rogué que no lo hiciera; pero fue inútil.

Cerró la puerta del dormitorio por dentro y nunca más la volví a ver con vida.

Durante su funeral, muchos de sus enemigos y culpables de su muerte, la tacharon de enajenada mental.

Se corrió el rumor de que estaba embarazada, pero la autopsia descartó la infame mentira.

La enterramos en la quebrada Supay _ Guayco reservada para los condenados, los malditos y los réprobos...

Cuando volví a la casa después de su sepelio, encontré en su habitación las cenizas de sus versos.

Vi que unas pocas hojas se habían salvado del fuego.No pude leerlas en ese momento porque la emoción me invadía al recordarla, pero las envolví en un pequeño tapete que encontré entre su ropa y me las llevé.

Varios de sus amigos poetas habían buscado incansablemente algún legado de sus obras.Yo, no pude decir la verdad, y escondí sus poemas sin que nadie lo supiera.

Cuando se cumplió un año de su muerte apareció el Dr. Galindo (su marido) y siguió un juicio para que la iglesia le permitiera enterrarla como una católica practicante. Tal vez con eso su conciencia estaría tranquila.


Su recuerdo me ha acompañado por varios años.

Su imagen de una mujer alta, de frente amplia, cabello castaño y bellos ojos: es inolvidable.

Por eso he decido publicar sus poesías.

Se lo debía, a ella, Dolores:

mi mejor amiga.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

CUENTO PROPIO II

EL HOMBRE IDEAL

Pequeña y fea, de cara ancha, pálida, cabello ondulado pero descuidado, frente estrecha, cejas despobladas, ojos grandes y negros; nariz gruesa, boca torcida, dientes salientes, mejillas hinchadas, orejas pequeñas, piernas huesudas y voz chillona.

_ Mucho gusto señora _ le dije hipócritamente, pero sólo podía pensar en salir corriendo de ese lugar y no volver jamás.

Para colmo, ni siquiera me contestó, solamente me miró de pies a cabeza y se volteó.

Yo esperaba que mi hombre ideal reaccionara para manejar la situación, pero cuando lo miré estaba más paralizado que yo y casi temblaba.

_ ¿En qué trabaja niña? _ me preguntó despectivamente y sin mirarme.

_ Soy enfermera señora_ le contesté.

_ Entonces por eso se conocieron_ murmuró entre dientes.

No pude contestar porque me quedé sorprendida al mirar una pared de la habitación, completamente empapelada con fotografías de mi hombre ideal desde que había sido un bebe, el primer año, el segundo, los cumpleaños, el primer día de escuela, en el colegio y hasta de adolescente en calzoncillos.

Sentí que empezaba a sudar cuando vi sobre la cabecera de la cama un poster de mi futura suegra y mi hombre ideal abrazados y con unas letras que decía:

“Juntos por siempre”.

¿Qué? ¿Juntos por siempre?...

No lo podía creer aquel médico, alto, moreno, ojos claros y de cuerpo musculoso que según yo era perfecto, estaba sentado en las piernas de su mamá como un niño pequeño. Y yo como estúpida mirándolo.

Me sentí decepcionada o mejor dicho aliviada, sólo podía imaginarme a mi suegra en las fotos de la boda, viviendo en la casa y hasta a mis amigas comentando que mis hijos se parecen a la “abuelita”.

Fueron unos segundos, pero para mí casi una eternidad.

Salí despacio para no interrumpir su momento de mamitis consumada.

Estoy llegando a pensar que el hombre ideal… no existe…

CUENTO PROPIO

VELO DE NOVIA

Es la primera vez desde que la conoció, que miraba nuestra casa, no lo había hecho antes porque ella jamás se retrasaba a sus encuentros secretos de los miércoles por la tarde, mis padres creían que aprendía bordado en la iglesia del pueblo, pero en esos momentos se escapaban a caminar por el bosque tomados de la mano.

Pero algo terrible sucedió, el mes pasado ella cumplió 18 años, mi padre había prometido su mano a uno de los hijos de un ganadero de la región y pretendía obligarla a casarse.

Hoy, ella irá a la iglesia contra su voluntad y él la perderá para siempre.

Es por eso que él pensó en una solución para evitar su desgracia, se escabulló por la puerta y con precaución llegó a su habitación, ella no estaba, pues debía cumplir con los rituales de una novia en el día más feliz de su vida.

Necesitaba encontrar el velo blanco, y robárselo. Sí, entonces ella no podría casarse, porque la tradición de nuestra familia y toda nuestra descendencia, había sido atribuida a ese anticuado velo de novia que todas las generaciones de mujeres de nuestro apellido, lo habían usado en el día de su casamiento.

Cuando por fin lo encontró, sintió que alguien venía, pensó en esconderse pero no tuvo tiempo, solamente escuchó unos gritos y una voz que le decía:

¡Maldito ladrón!

¿Cómo pudiste entrar a mi casa?

¡Hoy es el día del matrimonio de mi hija y nadie lo va arruinar!

No pudo hacer nada, lo único que sintió fue un golpe en su pecho y el frío de un metal que le provocaba un intenso dolor, entonces unas palabras atravesaron nuestros oídos: ¡NO PAPÁ!

Era ella, mi hermana, que se arrodillaba junto a su cuerpo desesperada, y sobre él, el velo de novia cubierto de sangre que evitaría su matrimonio, pero no su muerte.

martes, 8 de diciembre de 2009

ANTOLOGÍA


Antología de Poetisas Hispanoamericanas

PRÓLOGO


La mujer es reconocida en el mundo poético como la musa inspiradora de maravillosas letras, varios autores han dedicado sus obras al nombre de sus amadas y los versos más hermosos celebran la belleza femenina en toda su expresión.

El deseo de perpetuar el erotismo del amor entre el hombre y la mujer, crea un refugio en la poesía que permite esconder sutilmente oscuras pasiones de tiempos remotos.

Pablo Neruda en su obra Veinte poemas de amor y una canción desesperada nos induce a un mundo desconocido de mágicas pasiones sugestionadas por el ser de la mujer:

Poema 1

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.
Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.
Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!
Cuerpo de mujer mía, persistirá en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

Es fácil estremecerse con la lectura de esta composición que abarca un mundo imaginario de sensaciones reales, pero también es imposible no interrogarse sobre la otra parte. Es decir, el género femenino.

Desde épocas pasadas la mujer hubiese preferido mantener su espacio inspirador en la mente del hombre. Sin embargo, la capacidad sensitiva que él mismo desarrolló por una dama, la mujer la transformó en un crepúsculo de bellas interpretaciones de amoríos, odios, decepciones y eternos episodios de alegría, tristeza y esperanza.

No soy la primera en querer reunir a un número de poetisas en una sola obra, porque la fascinación por la escritura de estas autoras compromete a un sin número de lectores a nivel mundial.

Es cierto que en la actualidad la producción literaria nos ofrece nuevas exponentes de la poesía, pero definitivamente es de vital importancia mantener la vigencia de aquellas pioneras en este arte y una forma de hacerlo es presentar esta antología.

Desde los tiempos virreinales de Sor Juana Inés de la Cruz hasta nuestros días, las mujeres hispanoamericanas han sido grandes poetisas. Aunque es difícil seleccionar nombres, citaremos algunas de ellas que han adquirido relieve continental y hasta universalidad como la chilena y Premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral, que nos conmueve con sus estrofas que abordan temas como la pobreza y la desigualdad:

Piececitos de niño,
azulosos de frío,
¡cómo os ven y no os cubren,
Dios mío!

¡Piececitos heridos
por los guijarros todos,
ultrajados de nieves
y lodos!

El hombre ciego ignora
que por donde pasáis,
una flor de luz viva
dejáis…

Otra poetisa famosa es la uruguaya Juana de Ibarbourou (1895), así como también la argentina Alfonsina Storni y la mexicana Rosario Sensores conocida por obras como Cuando tú te hayas ido, poema que sirvió de base al pasillo Sombras musicalizado por el compositor ecuatoriano Carlos Brito Benavides.

Es importante también mencionar a la quiteña Dolores Veintimilla de Galindo que a pesar de su breve producción poética nos dejó un impresionante legado de creaciones que evocan al amor y la tragedia en el matrimonio.

Además realizaremos una mención especial para Aurora Estrada (1901) oriunda de la provincia de los Ríos de la cual Benjamín Camón dijo: “Hay en su poesía una honda preocupación por las fuerzas esenciales del hombre y de la especie y al mismo tiempo una ternura cálida y fecunda, que le ha dado la mano y le ha enseñado los caminos de la revolución, a la que ha ido primeramente sentimental, femenina, maternal, para luego enardecer el tono del campo proletario y darle médula de lucha y sonar de batalla.”

Espero transmitir en esta recopilación el encanto del corazón imbuido por el amor, la pasión y otros sentimientos que impulsan a las mujeres de todos los tiempos a impregnar sobre un papel sus más íntimos pensamientos.

Considero que las nuevas generaciones deben nutrirse de la poesía del pasado y atreverse a romper los paradigmas que mantienen a la mujer como aspecto decorativo en la producción artística.

Como decía Octavio Paz: “La poesía es el punto de intersección entre el poder divino y la libertad humana”, busquemos nuestra liberación en el arte e inmortalicemos nuestro sentir en nombre de todas las mujeres.

Quito, 30 de noviembre del 2009

Andrea Capelo Loza




Alfonsina Storni

ALMA DESNUDA

Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola

Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,

Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,

Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;

Alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera

Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,

Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
(*)
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,

Y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,

Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia

Porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,

Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;

Alma que sangra y sin cesar delira

Por ser el buque en marcha de la estrella.


Juana de Ibarbourou

RAIZ SALVAJE

Me ha quedado clavada en los ojos
la visión de ese carro de trigo
que cruzó rechinante y pesado
sembrando de espigas el recto camino.

¡No pretendas ahora que ría!
¡Tu no sabes en qué hondos recuerdos
estoy abstraída!

Desde el fondo del alma me sube
un sabor de pitanga a los labios.
Tiene aún mi epidermis morena
no sé que fragancias de trigo emparvado.

¡Ay, quisiera llevarte conmigo
a dormir una noche en el campo
y en tus brazos pasar hasta el día
bajo el techo alocado de un árbol!

Soy la misma muchacha salvaje
que hace años trajiste a tu lado.


Rosario Sensores

ME VESTÍ DE NEGRO

Me vestí de negro cuando te marchaste,
me vestí de negro...
y en torno a mis ojos oscuros y graves
se formó un gran cerco.

Me vestí de negro. Mi traje rosado
lo guardé angustiada dentro del ropero...
¡Ya que tus pupilas no me acariciaban
dejé de rizarme también el cabello!

Ni sedas, ni lujo... ni ruge en los labios,
¡no iban a tentarte con su aroma fresco!
Guardé los perfumes, dejé de pintarme,
dejé de mirarme también al espejo...

Y de pronto, un día, todo fue cambiando,
te fuiste borrando dentro de mi pecho,
otra voz de hombre comenzó a arrullarme
y me fui quitando mi vestido negro.

Qué tonta, me dije, vestirme de lutos,
por aquel ingrato que no lo merece...
y otra vez brillaron mis ojos oscuros
y fui como un árbol cuando reverdece.

Ahora tu recuerdo no me causa daño.
Estás de mi vida tan lejos, tan lejos...!
que olvidé tus labios
por otros más dulces henchidos de besos...


CUANDO TÚ TE HAYAS IDO

Cuando tú te hayas ido,
me envolverán las sombras.

Cuando tú te hayas ido
con mi dolor a solas,
evocaré ese idilio
de las azules horas.

Cuando tú te hayas ido,
me envolverán las sombras.

Y en la penumbra vaga
de la pequeña alcoba,
donde una tibia tarde
me acariciabas toda:

te buscarán mis brazos,
te besará mi boca,
y aspirará en el aire
aquel olor de rosas.

Cuando tú te hayas ido,
me envolverán las sombras.